Fragmentos de interior

Category: Foto (Page 21 of 28)

Torres

Gracias a D.T. por proponerme jugar a las adivinanzas.

A veces un pequeño misterio abre la puerta a otro.
Otras veces los misterios no se ocultan tras la puerta sino que permanecen encerrados en las Torres.
Este misterio va de torres, aunque yo solo hablaré de una, la otra permanecerá oculta, como un segundo enigma, tras la primera.

No hace muchos días alguien llamó a mi puerta. En sus manos traía una fotografía. Al principio apenas reparé en ella, sólo al mirarla con más detenimiento comprobé que se trataba de una de las fotografías que bajo el título de Barbiere yo había publicado en este blog. Todo podría haber acabado allí, junto a la puerta entreabierta, si de su boca no hubieran salido las siguientes palabras: “Encontré esta foto en tu blog. Y ahora no puedo dejar de pensar más que en ella”.

Intrigada ante esa declaración dejé que se explicase más cómodamente ya sentados en el salón.

“Es en Roma. De eso estoy seguro, pues la acabo de ver apenas en diciembre pasado. Era un edificio incluso en venta, recuerdo. Pero no recuerdo cómo fui a parar ahí. Por más que intento ubicarla, no puedo. Estoy desesperado. No me digas dónde es… dame una pista nada más.”

Esperé un momento, trataba de entender la urgencia de quien me hablaba y que sin saberlo me embarcaba en un juego inquietante y atrayente.
Miré mi reloj, era pronto aún.
“De acuerdo”, le dije, y en su cara se esbozó una sonrisa.

Cogí la foto entre mis manos y al cabo de unos segundos la primera pista flotaba entre nosotros:
“Si giro la cabeza a la derecha hay una iglesia”.

Me miró con sorpresa: “¡Esto resulta aún más cruel! Vamos, una iglesia en Roma, es como una flor en un jardín…”

(silencio)

“Pero tu comentario es útil… creo”.

Frunció un poco el ceño y se quedó pensativo.

Recordé que en algún lugar de mi biblioteca dormía un libro con grabados de Roma y que ese era el momento idóneo para rescatarlo de su sueño. Mi mano, titubeante entre aquellos volúmenes olvidados, entresacó un grueso tomo con letras desgastadas que dejó una sutil huella salvada del polvo…

“Esto quizá podrá ayudarnos”, le dije sosteniendo el libro en alto. “Pero antes te doy otra pista:
la iglesia pertenece a un país europeo cuya revolución tiene nombre floral.”

Mi interlocutor acogió el libro en su regazo y fue mirando una a una las estampas. “Vasi“, así constaba en la firma de 1748 del grabado que buscábamos. Apenas unos segundos y el libro cayó de un golpe al suelo: “Rápido, un mapa, trae un mapa de Roma”.

Barbiere

Sus ojos parecían más brillantes. Me arrebató el mapa de las manos y desdoblándolo nerviosamente comenzó a acariciar la superficie de las calles. Al principio pensé que su mano recorría sin rumbo fijo aquella maraña de edificios y plazas; de repente se detuvo.

Me levanté para encender una lamparita ya que la poca claridad del día que se colaba por las ventanas me impedían observar su rostro. Encorvado sobre el plano un murmullo salía de su boca. Sus palabras seguían a su dedo por un recorrido laberíntico en aquella pequeña Roma que cabía entre nosotros. Yo le miraba intrigada.

“¡¡Aquí, es aquí!! Es la Torre Scapucci, frente a la iglesia de San Antonio de los Portugueses“.

Levantó la cabeza, la lamparita se reflejaba en sus ojos como una pequeña llama, parecía agitado. Me contó que aquella torre encerraba una singular leyenda. “Verás”, dijo lentamente, “hubo una época en que este palazzo estuvo habitado por un noble, su hijo de corta edad y un curioso animal de compañía: una mona. Cierto día, cuando el noble regresaba a su casa, se encontró una agitada muchedumbre que miraba hacia lo alto de la torre. Allí pudo ver cómo su pequeño hijo era zarandeado peligrosamente por los brazos de la mona. Desesperado, hizo una promesa: si su hijo salía sano y salvo haría construir un pequeño altar que mantendría iluminado para siempre como lugar sagrado”.

“¿Ves?” y mostrándome mi foto me señaló la lucecita que todavía recuerda aquella historia.

Barbiere

No había vuelto a pensar en todo aquello hasta hoy, cuando al abrir mi buzón he encontrado una curiosa postal con la única imagen de unos adoquines y con esta frase en su reverso: “estoy aquí, ¿averiguas dónde?”
.

Lago

Los cisnes brillan al caer la noche.
Lago
Lago
Lago
Lago
Lago
___________________
Le lac
Les cygnes brillent à la tombée de la nuit.

Álbum 02

Feliz día a todas las madres.
Yo a mis primeras 24 horas de vida
___________________
Album 02
Bonne fête à toutes les mères.

Futuro incierto

La ciudad, empolvada de niebla, escucha la noche.
Futuro incierto
___________________
L’avenir incertain
La ville, poudrée de brouillard, écoute la nuit.

Dentro

Quiero trazar el mapa de tus venas.

Venas

Venas

Venas

___________________
À l’intérieur
Je voudrais tracer la carte de tes veines.

Susurros

Seis palabras flotaron en la noche.

Seis palabras

___________________
Des susurrations
Six mots flottèrent dans la nuit.

Olorosos

Me han traído unos bolis de colores… y de olores (que es como colores pero sin “c”).

Aunque teja fuera de la lista de “pequeños placeres” he de decir en este trocito de bufanda que otra de las cosas mínimas que me gustan es estrenar bolis, o lápices, o plumas, o lo que sea que sirva para escribir o dibujar.

Aquí van los bolis y sus dibujos olorosos:

Bolis

Bolis

Bolis

Bolis

Bolis

.

105

El 105 fue siempre un indeciso.

Su primera bici lució el ruedín izquierdo hasta que cumplió los 15 años, tanto miedo le daba dar ese paso (…o “pedalada”, como él mismo se plantearía tantas veces).

El día de su boda, el 105 tardó 15 minutos en responder a la pregunta para la que tanto había ensayado: sí quiero, sí quiero. Aquel día, ante la mirada atónita de los presentes, sonó un sí, supongo.

En el bar en el que comía a diario le tenían preparada la sopa, una merluza y una copita de vino tinto deje usted aquí la botella porque un día decidió que eso iba a comer y para qué volver a pensarlo, se dijo; tenga 15 euros y quédese con el cambio, no, mejor démelo, no, da igual…

El día en que el 105 dejó este mundo hubo mucho revuelo. Hasta 15 veces pronunció sus últimas palabras, y sólo “no espera, esas no” fueron realmente las últimas que salieron de su boca.

El 105 nunca supo que un escultor tan indeciso como él le iba a dedicar esta escultura… ¿o quizá no fue así?

105
.

« Older posts Newer posts »

© 2026 Caleidoscopio

Theme by Anders NorenUp ↑