Caleidoscopio

Fragmentos de interior

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Moby Dick

En Florencia vive Moby Dick.
Sí, has leído bien: en Florencia vive Moby Dick y lo que contaré ahora explica esta curiosa afirmación.

Per non dormire

Hace muchos años Herman Melville pasó una temporada en esta ciudad. Se alojó en lo que entonces era un bellísimo palazzo trasformado en hotel. El Palazzo Bartolini-Salimbeni había pertenecido a una familia de nobles que hicieron grabar en sus ventanas la enigmática frase “per non dormire“. Hay varias teorías acerca del sentido de esta frase, quizá sea el principio del origen de su riqueza, o bien el anhelo de no ser olvidados si interpretamos “dormire” como pasar al olvido…., no se sabe, pero seguramente estas tres palabras inspiraron a Melville cuando escribió:

La vejez siempre es insomne, como si al alargarse el lazo que lo une a la vida, el hombre quisiera alejarse de todo lo que se parece a la muerte. Entre los capitanes de navíos, los ancianos de barba gris suelen dejar sus literas para visitar los puentes envueltos en la noche.

Como el capitán Ahab, fuimos a visitar los puentes y dimos con uno muy viejo, tan viejo como la ballena blanca.

Ponte Vecchio - Firenze

Pero era pronto y per non dormire seguimos el cauce del Arno. Allí, más adelante, surgió por un segundo el lomo de Moby Dick.
Cuando quisimos inmortalizarla ya se había sumergido de nuevo, y en nuestra fotografía solo se distingue el leve reflejo de su pálida piel.

Arno - Firenze

En Florencia vive Moby Dick y Melville lo sabía, pero hizo que su capitán Ahab diese alguna vuelta por los mares porque si no, la gran novela habría sido un cuento breve.

sshh (II)

something strange happened here… (II)

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Fue una ironía del azar…

[…]

…que el suicida viviera en esa calle.

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“Todo es matemáticas”, dicen que dijo Pitágoras.

[…]

“En menuda me he metido” es lo que añadió.

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Nunca debió haber leído aquella carta.

[…]

Dos semanas y 15 horas más tarde, por fin empezó a arder.

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El partido comunista puso un anuncio para compartir generosamente su sede.

[…]

Sorprendidos, vieron que su sede era ahora la casa del Señor.

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Ayho, Ayho, a casa a descansar…

[…]

Y Blancanieves los castigó por vagos.

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Cuando rompieron, él juró olvidar incluso el nombre de su calle.

[…]

Necesitó un bote de pintura para conseguirlo.

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Cuando los bomberos acudieron al octavo incendio en aquel mes…

[…]

…comprobaron que el pirómano tenía un extraño sentido del humor.

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Pobre Marco, en un pueblo italiano, al pie de las montañas,

[…]

y treinta años más tarde, ni una llamada de su madre.

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Tras la comida, Patxi pidió la cuenta de los pinchos.

[…]

El camarero se lo tomó al pie de la letra.

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Tantos años suspirando en aquel puente…

[…]

…que los suspiros se solidificaron.

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En la sección de sucesos del periódico se especuló sobre un trágico acontecimiento.

[…]

Un artista incomprendido maldijo al periodista.

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Buscaba una foto para cerrar el post,

[…]

y a la vuelta del canal encontré este barco.

Sí, something strange happened here

sshh

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asterisco*

Un asterisco es como un grifo, si lo agarras y giras suavemente, una corriente de agua tibia te arrastra hasta una isla. Allí, entre la arena, se asoman las conchas que encierran los secretos, y si consigues abrir una, un soplo de boca pequeña te susurra palabras que se pegan a la piel. Al momento se desprenden en minúsculos destellos y con la arena quedan confundidos adjetivos y pronombres.

Con un paréntesis que el mar ha devuelto a la orilla, dibujo un remolino en la arena y surge una caracol@.

En la isla el tiempo también gira, los segundos son las ondas que se multiplican cuando un pez se asoma a ver llover. Sacan la cabeza intentando comprender cómo puede llenarse un mar con unas gotas. Pero luego, cansados de mojarse a trocitos la cara, se esconden bajo el agua y dejan que sea la lluvia la que dibuje con compás cada minuto. (  ((Los peces tienen estas cosas))  ).

Cuando la cuenta de las ondas se ha perdido, es momento de emprender el regreso, un paseo por la isla no dura mucho más de seis líneas a cuerpo 8 y pronto llegará el amanecer de una nueva página.

Por el cielo pasa un asterisco y descubro que es la estrella fugaz de mi teclado. La pulso, contengo la respiración, y le pido que me lleve de nuevo a la isla.

*me refugio en los asteriscos.

sshh… (I)

something strange happened here…

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Un elefante salió de África.

[…]

Cuatro años más tarde por fin supo cuánto mar cabía en su trompa.

_

El capitán Nemo pasó la mañana navegando en internet.

[…]

Por la tarde, los empleados de Amazon preparaban un extraño envío.

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La niña creció y regaló sus juguetes.

[…]

El osito rogaba para que volvieran a subir la persiana.

_

El profesor recomendó en clase empaparse de cultura.

[…]

El niño aquella noche se preparó el baño.

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El chico de las verduras le pidió matrimonio a la pescadera.

[…]

La novia por fin encontró su ramo.

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Como Banksy nunca contestaba a sus llamadas…

[…]

… su amigo se aseguró de que recibiese el mensaje.

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Ese día era su aniversario.

[…]

Ella pensó enviarle una caricia.

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El alquiler del garaje salía demasiado caro.

[…]

El pulpo puso un anuncio.

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No fue fácil convertirse en el mayor fan de los Beatles.

[…]

Sobre todo a la hora de encontrar aparcamiento.

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La vida en el banco de peces era muy aburrida.

[…]

Hasta que llegó el nuevo.

Definitivamente, something strange happened here

sshh…

Capri

“Todo parecía un sueño. Y cuando llegué a Capri, […], la sensación irreal de los sueños se hizo más grande.
Llegamos de noche y en invierno a la isla maravillosa.”

(Pablo Neruda, “Confieso que he vivido”)

Pablo Neruda en Capri

Neruda llegó a Capri una noche de invierno, invadido por la sensación irreal de los sueños.
Aquella primera vez, la isla se le presentó en sombras, blanquecina y callada.
A la mañana siguiente, Neruda y Matilde, vieron el espectáculo que les ofrecía su ventana, una pequeña terraza, abajo el bosque, y no muy lejos las rocas de Marina Piccola. Dieron un paseo por los alrededores de su nueva casa, recorrieron las callecitas que se dirigían hacia el pueblo, perfiladas por un sencillo muro que ocultaba tras de sí las grandes villas, y ya en la plaza principal les recibió la iglesia, que se alzaba sobre las terracitas y cafés, y que parecía desparramarse por una escalinata floreada.

Aquellos días que pasaron en Capri dieron lugar a Los versos del Capitán y Las uvas y el viento. De aquella estancia nacieron estos versos:

Su traje de zafiro
la isla en sus pies guardaba,
y desnuda surgía en su vapor
de catedral marina.
Era de piedra su hermosura. En cada
fragmento de su piel reverdecía
la primavera pura
que escondía en las grietas su tesoro.

(“Cabellera de Capri”)

Con iguales ojos maravillados que aquellos de Neruda y Matilde, llegamos nosotros a la catedral marina, pero era verano y de día… aunque nos recibió la luna.

Luna caprese

También nos saludó el sol, que silueteaba la isla, colorida y ruidosa.

Puerto de Capri
Grotta azzurra
Buganvillas

Los bosques y muros que pasearon Neruda y Matilde Urrutia, también acogieron nuestros pasos.

Bosques y muros

Y, a intermitencias, cuando los árboles lo permitían, los faraglioni nos saludaban desde el agua.

faraglione

En Capri, al mar hay que ponerle esquinas, si no se corre el riesgo de rodear la isla haciendo un largo.

esquinas marinas

De la naturaleza pasamos a la civilización.

suolo privato

Y nos despedimos de la isla bajando por la escalinata de la iglesia y callejeando cuesta abajo hasta el puerto.

Iglesia de Capri

Escalinata y callecita

Está claro que Capri, en invierno o en verano, siempre es maravillosa.

Acantilados en Capri

Ilustraciones

Un día llegó a mi buzón un precioso texto que estaba huérfano de imagen. Su autora me pedía mis colores para arroparlo, pero en aquella ocasión no tuve tiempo para tejer nada que fuese de su talla. Meses más tarde llegó otro texto suyo, esta vez yo tenía mis lápices afilados y una extensa hoja en blanco. Provista de estos utensilios comencé mi andadura como modista de palabras. Mi primera confección fue ésta:

Viaje

Después llegaron otros textos y otros trajes:

¿amor?

Libertad

Todos ellos ellos podéis verlos, al tiempo que recrearos con los textos de sus autoras, en La linterna de Segovia. (clic, clic)

(Gracias, Alicia)

Venus

Cuando se dio cuenta de que Marte había olvidado sus armas, Vulcano estaba ya subiendo las escaleras.

Venus

___________________
Venus
Quand elle s’est rendue compte que Mars avait oublié ses armes, Vulcain était déjà en train de monter les escaliers.

La ventana indiscreta

Compañero nocturno

El psiquiatra del tercero, harto de escuchar durante horas las miserias de sus pacientes, se desahogó aquella noche con su discreto amigo. Lo que no supo, es que sus secretos no se irían a la tumba… la noche los trajo también hasta mi ventana.

Desencuentro

Él la buscó entre la gente.
Desencuentro

Ella le esperó descalza.
Desencuentro

Bajo ellos llovería.
Desencuentro

___________________
“Dérencontre” (ou Rendez-vous raté)
Il la chercha parmi les gens.
Elle lui atteignit nu-pieds.
En dessous d’eux il pleuvrait.

Fallos

¿Qué cataclismo es este?
El jueves mi teléfono se quedó mudo, al menos a mí no me hablaba. Si era afonía o enfado lo desconozco.
Según tengo entendido a los demás les repetía insistentemente un tut-tut-tut…, a saber con qué fines.
Por fin le volvió la voz la mañana del sábado, pero esta vez sólo se comunicaba conmigo. Tras preguntarle el porqué de su comportamiento me confesó que había cambiado, que ya no era el de siempre, que no se reconocía. ¡Bueno, me tenía que tocar un teléfono con problemas psicológicos!
La noche del domingo sonó un ring.

-¿dígame?
-ehh… ¿hola?
-hola
-Uy, qué raro, estoy llamando a mi casa y me sales tú.
-Sí, es mi teléfono, que tiene problemas de personalidad, y debe de haber adoptado la del tuyo.
-¿perdón?
-Pues eso, que desde hace unos días, le ha dado por cambiar, y ahora se hace pasar por un 409****
-¡Sí, sí, ese es mi número!
-Vaya, lo siento. Oye… y tu teléfono no se hará pasar por el mío, ¿no?
-No, mi teléfono está mudo.
-Uf, ten cuidado, así empiezan…
-Ah, gracias.

Ayer me confesó que echaba de menos su antigua vida y que volvía a su ser habitual. Ya por fin me habla y me deja hablar.

Ahora lo que no me funciona es internet. Agradezco a un vecino generoso que no haya cerrado sus puertos (o su puerta?) y que me “permita” esta visita a los mundos virtuales. Navegar no es fácil, estoy pegada a la ventana, con el ordenador en un ángulo preciso, mirando cada dos por tres el simbolito en forma de radar que me indica si la comunicación peligra, y apartando a mi gata por si su rabo interfiere la señal. Pero eso no es todo y el desmoronamiento tecnológico continúa: mi email tampoco va.

Pd.: Si la psicosis termina os lo haré saber.

Gráfica marina

Cada mañana bajaba a la playa, los pies descalzos, a esperar esa primera ola que con su roce le susurraría el pronóstico del día.

Hoy el día acabaría bien.
Gráfica marina
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Graphique marin
Chaque matin elle descendait sur la plage, les pieds nus, en attendant cette première vague-là qu’avec son frôlement lui murmurerait le pronostique du jour.
Aujourd’hui la journée finirait bien.

Escenario

La luna espía disfrazada de nubes.
escenario
Las piedras sueñan ser pedazos de luna.
escenario
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Scène
La lune épie déguisée en nuages.
Les pierres rêvent d’être morceaux de lune.

minicuento II

Capítulo II (final):
A la mañana siguiente, la luna se dio por vencida.
El reto, final del minicuento
___________________
miniconte II

Chapitre II (la fin):
Le lendemain matin, la lune s’avoua vaincue.

minicuento

Capítulo I (comienzo):
Aquella noche la farola retó a la luna.
El reto
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miniconte

Chapitre I (le commencement):
Cette nuit-là le lampadaire défia la lune.

puntos suspensivos
Los puntos suspensivos son tres eclipses de luna: tras ellos, noche cerrada.

A los puntos suspensivos llegarás tras una última palabra, aquella que te prometerá misterios, una palabra que quedará como un eco en tu memoria y se irá desdibujando con cada eclipse hasta que apenas recuerdes si existió.

Cuando los puntos estén a tu espalda esa palabra ya estará lejos, intenta atar un cabo de tu memoria, cuando sigas andando sólo eso podrá guiarte atrás.
Tras ellos sólo hay un abismo de espera, un páramo blanco que como el hielo resbala. Si caes rodarás sobre su fría superficie sin otro muelle donde atracar, con el horizonte como único objetivo, un horizonte blanco sobre un suelo blanco bajo un cielo blanco.

No, ni noche ni cerrada, tras los puntos suspensivos está el olvido que siempre es blanco, así que cuando te encuentres con ellos piensa si quieres traspasarlos, todavía puedes volverte atrás.

Voz

Voz

¿Te das cuenta? tu voz se hace blanca.

Y se estira. Se alarga tanto que la ele y la ge se encogen para no quedarse ancladas. Tu voz se enreda con otras voces y se cruza con un ¿te tomaste las pastillas?, y un hoy vine antes de la escuela, pero sigue su camino, concentrada en no perder el hilo.

A veces tu voz sigue otra ruta, pero entonces ya no es blanca, es casi transparente y más delgada que el hilo de tu pensamiento. Se desliza líquida y fina hasta esa cajita donde rebosan las frases que nunca pronunciaste. Cuando esto ocurre, al otro lado hay un teléfono que comunica.

… … … … … … … … … … … … … …
.

Rayas

rayas
-Hola, ¿le puedo ayudar en algo?
-Sí, por favor, querría el libro a rayas.
-¿este?
-no
-¿este?
-no
-¿este?
-no
-¿este?
-sí, gracias, ese.
-¿para regalo?
-eh…, no, déjelo.
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Mitades

Mitades
Miro esta foto y espero que tras los cristales aparezca un rostro, y que ese rostro me mire. Y empieza a caer la tarde, y el sol pasa del cielo a la bombilla, y yo sigo aquí abajo, y el rostro me mira, y la noche se rompe en dos mitades, dentro y fuera.
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Torres

Gracias a D.T. por proponerme jugar a las adivinanzas.

A veces un pequeño misterio abre la puerta a otro.
Otras veces los misterios no se ocultan tras la puerta sino que permanecen encerrados en las Torres.
Este misterio va de torres, aunque yo solo hablaré de una, la otra permanecerá oculta, como un segundo enigma, tras la primera.

No hace muchos días alguien llamó a mi puerta. En sus manos traía una fotografía. Al principio apenas reparé en ella, sólo al mirarla con más detenimiento comprobé que se trataba de una de las fotografías que bajo el título de Barbiere yo había publicado en este blog. Todo podría haber acabado allí, junto a la puerta entreabierta, si de su boca no hubieran salido las siguientes palabras: “Encontré esta foto en tu blog. Y ahora no puedo dejar de pensar más que en ella”.

Intrigada ante esa declaración dejé que se explicase más cómodamente ya sentados en el salón.

“Es en Roma. De eso estoy seguro, pues la acabo de ver apenas en diciembre pasado. Era un edificio incluso en venta, recuerdo. Pero no recuerdo cómo fui a parar ahí. Por más que intento ubicarla, no puedo. Estoy desesperado. No me digas dónde es… dame una pista nada más.”

Esperé un momento, trataba de entender la urgencia de quien me hablaba y que sin saberlo me embarcaba en un juego inquietante y atrayente.
Miré mi reloj, era pronto aún.
“De acuerdo”, le dije, y en su cara se esbozó una sonrisa.

Cogí la foto entre mis manos y al cabo de unos segundos la primera pista flotaba entre nosotros:
“Si giro la cabeza a la derecha hay una iglesia”.

Me miró con sorpresa: “¡Esto resulta aún más cruel! Vamos, una iglesia en Roma, es como una flor en un jardín…”

(silencio)

“Pero tu comentario es útil… creo”.

Frunció un poco el ceño y se quedó pensativo.

Recordé que en algún lugar de mi biblioteca dormía un libro con grabados de Roma y que ese era el momento idóneo para rescatarlo de su sueño. Mi mano, titubeante entre aquellos volúmenes olvidados, entresacó un grueso tomo con letras desgastadas que dejó una sutil huella salvada del polvo…

“Esto quizá podrá ayudarnos”, le dije sosteniendo el libro en alto. “Pero antes te doy otra pista:
la iglesia pertenece a un país europeo cuya revolución tiene nombre floral.”

Mi interlocutor acogió el libro en su regazo y fue mirando una a una las estampas. “Vasi“, así constaba en la firma de 1748 del grabado que buscábamos. Apenas unos segundos y el libro cayó de un golpe al suelo: “Rápido, un mapa, trae un mapa de Roma”.

Barbiere

Sus ojos parecían más brillantes. Me arrebató el mapa de las manos y desdoblándolo nerviosamente comenzó a acariciar la superficie de las calles. Al principio pensé que su mano recorría sin rumbo fijo aquella maraña de edificios y plazas; de repente se detuvo.

Me levanté para encender una lamparita ya que la poca claridad del día que se colaba por las ventanas me impedían observar su rostro. Encorvado sobre el plano un murmullo salía de su boca. Sus palabras seguían a su dedo por un recorrido laberíntico en aquella pequeña Roma que cabía entre nosotros. Yo le miraba intrigada.

“¡¡Aquí, es aquí!! Es la Torre Scapucci, frente a la iglesia de San Antonio de los Portugueses“.

Levantó la cabeza, la lamparita se reflejaba en sus ojos como una pequeña llama, parecía agitado. Me contó que aquella torre encerraba una singular leyenda. “Verás”, dijo lentamente, “hubo una época en que este palazzo estuvo habitado por un noble, su hijo de corta edad y un curioso animal de compañía: una mona. Cierto día, cuando el noble regresaba a su casa, se encontró una agitada muchedumbre que miraba hacia lo alto de la torre. Allí pudo ver cómo su pequeño hijo era zarandeado peligrosamente por los brazos de la mona. Desesperado, hizo una promesa: si su hijo salía sano y salvo haría construir un pequeño altar que mantendría iluminado para siempre como lugar sagrado”.

“¿Ves?” y mostrándome mi foto me señaló la lucecita que todavía recuerda aquella historia.

Barbiere

No había vuelto a pensar en todo aquello hasta hoy, cuando al abrir mi buzón he encontrado una curiosa postal con la única imagen de unos adoquines y con esta frase en su reverso: “estoy aquí, ¿averiguas dónde?”
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105

El 105 fue siempre un indeciso.

Su primera bici lució el ruedín izquierdo hasta que cumplió los 15 años, tanto miedo le daba dar ese paso (…o “pedalada”, como él mismo se plantearía tantas veces).

El día de su boda, el 105 tardó 15 minutos en responder a la pregunta para la que tanto había ensayado: sí quiero, sí quiero. Aquel día, ante la mirada atónita de los presentes, sonó un sí, supongo.

En el bar en el que comía a diario le tenían preparada la sopa, una merluza y una copita de vino tinto deje usted aquí la botella porque un día decidió que eso iba a comer y para qué volver a pensarlo, se dijo; tenga 15 euros y quédese con el cambio, no, mejor démelo, no, da igual…

El día en que el 105 dejó este mundo hubo mucho revuelo. Hasta 15 veces pronunció sus últimas palabras, y sólo “no espera, esas no” fueron realmente las últimas que salieron de su boca.

El 105 nunca supo que un escultor tan indeciso como él le iba a dedicar esta escultura… ¿o quizá no fue así?

105
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