Fragmentos de interior

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Objetos animados III

A veces las piedras sonríen.

Columnas en Villa Adriano

.
Una pequeña historia:

No hace mucho, estaba dando yo un paseo cuando me encontré con la primera piedra.
-Hola, le dije.
-Cuéntame algo, me contestó.

Yo, poco acostumbrada a estas peticiones pétreas le dije lo primero que me pasó por la mente:

-El Coliseo está hecho una ruina.

Y así se le quedó la carita a la pobre.

Más tarde, intentando olvidar el disgusto que le había provocado a la primera piedra, me senté a leer en un banco. Un sonido repetitivo y duro me hizo levantar la vista del libro. A mis pies había otra piedra que me miraba con incredulidad y asombro.
¿Es cierto que el Coliseo está medio derruído?, me preguntó.
Yo, ante esa voz de lamento levanté trabajosamente a la piedra y la senté en el banco junto a mí. Empecé a explicarle que el Coliseo no estaba en ruinas, sino que algunas piedras habían preferido tomarse unas vacaciones y que por eso faltaban partes, pero que por todo el mundo se veían piedras romanas con cámaras de fotos visitando París, tumbadas en una playa, o incluso charlando con las piedras de la Muralla China. Esta respuesta pareció gustarle y permanecimos sentadas largo tiempo en el banco mirando el paisaje en silencio.

Sólo tiempo después me percaté de que una tercera piedra se nos había unido. Miraba sonriente y parecía feliz.
¿Por qué estás tan contenta?, pregunté.
-Vengo del Coliseo y estoy de vacaciones.

Eso fue todo. Desde entonces cuando me cruzo con una piedra le guiño un ojo y le deseo un buen viaje.

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Des objets animés III
Parfois les pierres sourient.

Reminiscencias

Homenaje a Chillida.

falso Chillida

(base de piedra en Villa Adriana, Roma)
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Des réminiscences
Hommage à Chillida.
(base de pierre en Ville Adriana, Rome)

Posibilidades

Mientras esto pasaba…

espiada

… en el papel podría haber estado escribiendo una de estas dos cosas:

“Otra vez están ahí fuera y me vigilan”

o bien esto otro:

“Un kilo de patatas tiernas”

Terrorífico ¿no?
.

Sueña

Para el árbol con o sin raíces.

Cierra los ojos…

pide un deseo

… y sopla.

deseo

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Rêve!
Pour l’arbre avec ou sans racines.

Ferme tes yeux…
fais un vœu…
…et souffle.

Erotismo

Este viaje he descubierto a Bernini. Más bien debería decir que lo he redescubierto, porque conocerlo lo conocía, pero en estos días he tropezado con sus obras, me lo he encontrado en cada esquina, entre pizzerias y tiendas de ropa -porque Roma, además de Berninis que alimentan la vista, tiene que subsistir con otro tipo de alimento-. Estos días he paseado por sus espacios en contradicción: de adentro afuera, en interiores hechos plazas y plazas como grandes salones, con curvas esquizofrénicas y rectas con doble personalidad, pero sobre todo he paseado la mirada por sus esculturas.

Con la intención de disfrutar un poco más de del mármol cálido de Bernini fui al Museo Borgese, un lujoso palacio en medio de un parque que lleva su nombre (Borgese, no Bernini), donde viven en su eterna postura varias de sus joyas (de Bernini, no de Borgese).

La primera sorpresa (y no de las buenas) es que en el museo Borgese no dejan hacer fotos. Entiendo que fotos con flash no dejen hacer, pero el prohibir introducir la cámara para buscar los propios encuadres, las interpretaciones personales al margen de las estereotipadas postales, hizo que comenzase la visita con el gesto torcido. Un gesto parecido al que asomaba por la boca del David de Bernini, que apretando los labios y con el ceño fruncido, parecía solidarizarse con mi silenciosa protesta.

Observando el David lo primero que me impresionó fue la virguería técnica, la precisión de las formas, el tratamiento de las texturas… Pero dos salas más allá me esperaba lo mejor: la piedra hecha carne, el erotismo al alcance de los dedos. La fuerza y la sensualidad del encuentro, dos cuerpos unidos en un gesto violento y tierno al mismo tiempo: Plutón hundiendo las yemas de sus dedos en el muslo de una Proserpina asustada y leve.

Y allí, parada ante esas sensaciones, deseando tener mi cámara para capturar ese momento, lo único que me quedaba era mi cuardernito y un mínimo lápiz con el que garabatear lo que veía. De pie, incómoda por alguna mirada extraña que se rezagaba en mi hoja, hice una miseria de dibujo que ni siquiera di por terminado avergonzada por la imposibilidad de representar todo aquello.

En internet, cómo no, he encontrado fotos de esa mano vigorosa, algunas son oficiales y otras muchas vienen de cámaras ladronas que se adentraron en aquella sala para retener ese momento apresado desde hace siglos en el mármol. Una de ellas es la que pongo para ilustrar este post.

Proserpina, que viene del latín proserpere, ‘emerger’, está ahora mismo en una sala recargada en un Parque romano, brotando eternamente entre los brazos de Plutón.
Yo, con mi mirada como única cámara, me he quedado allí también atrapada en las raíces que me enredaron en su mármol.

erotismo

Desconcentrada

No me acostumbro a escribir en este sitio aséptico e impersonal que es el cibercafé. Ahí fuera pasan coches y motos (aunque en ninguna veo a Audrey Hepburn y Gregory Peck) que cruzan por delante de una fuente de Bernini de formas gelatinosas y resbaladizas recreando un pequeño océano en el centro de la plaza.

Aquí dentro suena una música que me aisla del rítmico sonido del agua del Tritone y del bullicio propio de estas horas en que la gente (muchos turistas y algún romano) regresa a casa, aprovecha para hacer alguna compra, o charla por su “telefonino”.

Para escribir necesito mi lugar. Un sitio más íntimo y donde desviar la mirada para pensar. Aquí, si entretengo la mirada, no veo más que otras tantas pantallas como la mía, la mayoría esperando a ser observadas, colgadas de un panel de madera clara y como únicos compañeros un teclado sin “eñe” y un ratón que por lo achacoso que está quizá sea contemporáneo de la fuente de ahí fuera.

Pasado mañana volveré a mi rincón, pondré estos últimos posts en orden porque vuelven un poco arrugados de estar en la maleta y ya no veré cómo los turistas al regresar a sus hoteles dan el relevo a todos los gatos que por la noche, en la quietud de los foros, se convierten en los dioses de la ciudad.

Panteón

Ayer entré en el ojo de Roma. Un gran ojo que como Roma mira hacia adentro, hacia su historia, y yo, pequeñísima parte de ella, no era más que una mota de polvo en una inmensa pupila de piedra.

Ojo de Piedra

Roma

En Roma se están encendiendo las luces. Veo en la pantalla a las personas pequeñitas (casi sin definición, reconocibles solo por los colores de sus ropas) cómo se desplazan de lado a lado sin transición. La imagen se recarga cada varios segundos, por lo que hay gente que desaparece en un par de tomas. Otros, en cambio, apenas se mueven, se sientan en la fuente a observar, igual que lo hago yo desde la distancia, a las otras personas que pasean por la plaza.

Piazza del Pantheon
Piazza del Pantheon

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