A veces las piedras sonríen.

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Una pequeña historia:
No hace mucho, estaba dando yo un paseo cuando me encontré con la primera piedra.
-Hola, le dije.
-Cuéntame algo, me contestó.
Yo, poco acostumbrada a estas peticiones pétreas le dije lo primero que me pasó por la mente:
-El Coliseo está hecho una ruina.
Y así se le quedó la carita a la pobre.
Más tarde, intentando olvidar el disgusto que le había provocado a la primera piedra, me senté a leer en un banco. Un sonido repetitivo y duro me hizo levantar la vista del libro. A mis pies había otra piedra que me miraba con incredulidad y asombro.
¿Es cierto que el Coliseo está medio derruído?, me preguntó.
Yo, ante esa voz de lamento levanté trabajosamente a la piedra y la senté en el banco junto a mí. Empecé a explicarle que el Coliseo no estaba en ruinas, sino que algunas piedras habían preferido tomarse unas vacaciones y que por eso faltaban partes, pero que por todo el mundo se veían piedras romanas con cámaras de fotos visitando París, tumbadas en una playa, o incluso charlando con las piedras de la Muralla China. Esta respuesta pareció gustarle y permanecimos sentadas largo tiempo en el banco mirando el paisaje en silencio.
Sólo tiempo después me percaté de que una tercera piedra se nos había unido. Miraba sonriente y parecía feliz.
¿Por qué estás tan contenta?, pregunté.
-Vengo del Coliseo y estoy de vacaciones.
Eso fue todo. Desde entonces cuando me cruzo con una piedra le guiño un ojo y le deseo un buen viaje.
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Des objets animés III
Parfois les pierres sourient.




















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