Para mi padre, que hoy cumple un año.

Hace un año conocimos a los inquilinos de un castillo con patio y fuente.

Un conejo pardo, que quería ser piña.

Un conejo blanco, sin reloj y sin prisa.

Unas nutrias que algunos creían ratas (no, no, eran nutrias).

Un jardinero disfrazado de conejo.

Un gato con nostalgia de Sabana.

Y sobre todo, una garza, siempre solitaria, que nos acompañó durante dos meses.

Mi padre volvió a aprender a caminar y dijo lunes, mamá, Ricardo y Sara.

Y la garza conoció a otra garza, y se hizo eterna.

Every tree has its bird.