Si no sabes cuál es el error en la fotografía, es que no ves tres en un burro.
:p

Fragmentos de interior
Si no sabes cuál es el error en la fotografía, es que no ves tres en un burro.
:p


Otro día descubriendo tesoros.
(me gusta sentirme Indiana Jones)







¿ad infinitum?

¿o in finitum?
Tres letras, de abajo arriba, de derecha a izquierda, que acaban en una o que es un aro.



Otros lápices sueñan con ser venecianos.
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Emprisonnés
D’autres crayons rêvent d’être vénitiens.
Burano es un estuche de pinturas.

Sus canales, en lugar de agua, llevan acuarelas.

Los habitantes de Burano, pintores expertos, saben qué pinceladas añadir y tienden sólo la ropa que mejor le queda al cuadro.



Quizá Mondrian se paseó por aquí.

Aunque otros artistas seguro que sí lo hicieron.

En Burano, al anochecer, las plazas se tiñen de pastel y se van apagando los colores…

… a la espera de que la mañana las riegue de nuevo con colores.

“Todo parecía un sueño. Y cuando llegué a Capri, […], la sensación irreal de los sueños se hizo más grande.
Llegamos de noche y en invierno a la isla maravillosa.”
(Pablo Neruda, “Confieso que he vivido”)

Neruda llegó a Capri una noche de invierno, invadido por la sensación irreal de los sueños.
Aquella primera vez, la isla se le presentó en sombras, blanquecina y callada.
A la mañana siguiente, Neruda y Matilde, vieron el espectáculo que les ofrecía su ventana, una pequeña terraza, abajo el bosque, y no muy lejos las rocas de Marina Piccola. Dieron un paseo por los alrededores de su nueva casa, recorrieron las callecitas que se dirigían hacia el pueblo, perfiladas por un sencillo muro que ocultaba tras de sí las grandes villas, y ya en la plaza principal les recibió la iglesia, que se alzaba sobre las terracitas y cafés, y que parecía desparramarse por una escalinata floreada.
Aquellos días que pasaron en Capri dieron lugar a Los versos del Capitán y Las uvas y el viento. De aquella estancia nacieron estos versos:
Su traje de zafiro
la isla en sus pies guardaba,
y desnuda surgía en su vapor
de catedral marina.
Era de piedra su hermosura. En cada
fragmento de su piel reverdecía
la primavera pura
que escondía en las grietas su tesoro.
(“Cabellera de Capri”)
—
Con iguales ojos maravillados que aquellos de Neruda y Matilde, llegamos nosotros a la catedral marina, pero era verano y de día… aunque nos recibió la luna.

También nos saludó el sol, que silueteaba la isla, colorida y ruidosa.



Los bosques y muros que pasearon Neruda y Matilde Urrutia, también acogieron nuestros pasos.

Y, a intermitencias, cuando los árboles lo permitían, los faraglioni nos saludaban desde el agua.

En Capri, al mar hay que ponerle esquinas, si no se corre el riesgo de rodear la isla haciendo un largo.

De la naturaleza pasamos a la civilización.

Y nos despedimos de la isla bajando por la escalinata de la iglesia y callejeando cuesta abajo hasta el puerto.


Está claro que Capri, en invierno o en verano, siempre es maravillosa.


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Des nuits romaines

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Printemps
… a lo Indiana Jones.





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Un jour à la campagne…
… à la manière Indiana Jones.
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