Hay dos escenas que no llegué a ver porque no esperé suficiente tiempo para que sucedieran.

La primera es la de un ratoncito que con su juego de llaves en miniatura se adentra en su portal modernista.

La segunda es la del pájaro, llaves en pico, que arremolina los flecos de colores bajo su puerta.

Me gustaría vivir en ese barrio.