Entrar en la ciudad del Vaticano es complicado. Para consultar la Biblioteca hay que presentar una carta que te autorice para ello; hace falta una receta médica para acceder a la farmacia; y al supermercado no se puede si no tienes una tarjeta concreta…

Pero si uno está atento, puede cotillear algo de esa ciudad secreta por las rendijas que se abren a Roma.

El guardarropa de la guardia suiza.

Los buzones amarillos de la Posta Vaticana.

La luna sobre la Via della Conciliazione.

El pasadizo que lleva del Castel Sant’Angelo al Vaticano, dejando debajo i colori romani.

Declaraciones de amoR.

Roma al otro lado del Tevere.

Otra luna. Esta juega con los estorninos.

Y dos patos.