De mis sueños crecen flores.

Al despertarme solía imaginarme paseando con un cruasán en la mano por una Nueva York todavía somnolienta.

Ya un poco más despierta, veía cada día cómo avanzaba la lenta huída de mi bici, que disimulaba como un escarabajo boca arriba.

Y por la noche, una Roma en rosas me llevaba a la ciudad de esos sueños en los que nacen las flores.

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Con el dormitorio se cierra la serie de estos interiores que me han cobijado durante los últimos siete años.
Los próximos serán otros, y se irán poblando de nuevos recuerdos y sonidos, hasta que construyan “this place where I don’t feel alone / this place where I feel at home…”

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