¿Qué cataclismo es este?
El jueves mi teléfono se quedó mudo, al menos a mí no me hablaba. Si era afonía o enfado lo desconozco.
Según tengo entendido a los demás les repetía insistentemente un tut-tut-tut…, a saber con qué fines.
Por fin le volvió la voz la mañana del sábado, pero esta vez sólo se comunicaba conmigo. Tras preguntarle el porqué de su comportamiento me confesó que había cambiado, que ya no era el de siempre, que no se reconocía. ¡Bueno, me tenía que tocar un teléfono con problemas psicológicos!
La noche del domingo sonó un ring.
-¿dígame?
-ehh… ¿hola?
-hola
-Uy, qué raro, estoy llamando a mi casa y me sales tú.
-Sí, es mi teléfono, que tiene problemas de personalidad, y debe de haber adoptado la del tuyo.
-¿perdón?
-Pues eso, que desde hace unos días, le ha dado por cambiar, y ahora se hace pasar por un 409****
-¡Sí, sí, ese es mi número!
-Vaya, lo siento. Oye… y tu teléfono no se hará pasar por el mío, ¿no?
-No, mi teléfono está mudo.
-Uf, ten cuidado, así empiezan…
-Ah, gracias.
Ayer me confesó que echaba de menos su antigua vida y que volvía a su ser habitual. Ya por fin me habla y me deja hablar.
Ahora lo que no me funciona es internet. Agradezco a un vecino generoso que no haya cerrado sus puertos (o su puerta?) y que me “permita” esta visita a los mundos virtuales. Navegar no es fácil, estoy pegada a la ventana, con el ordenador en un ángulo preciso, mirando cada dos por tres el simbolito en forma de radar que me indica si la comunicación peligra, y apartando a mi gata por si su rabo interfiere la señal. Pero eso no es todo y el desmoronamiento tecnológico continúa: mi email tampoco va.
Pd.: Si la psicosis termina os lo haré saber.

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