Ayer entré en el ojo de Roma. Un gran ojo que como Roma mira hacia adentro, hacia su historia, y yo, pequeñísima parte de ella, no era más que una mota de polvo en una inmensa pupila de piedra.

Fragmentos de interior
Ayer entré en el ojo de Roma. Un gran ojo que como Roma mira hacia adentro, hacia su historia, y yo, pequeñísima parte de ella, no era más que una mota de polvo en una inmensa pupila de piedra.

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