Hoy le he pedido a mi abuela que me enseñase a hacer punto. Mientras la lana iba formando un comienzo de bufanda, mi abuela ha ido desenmadejando de su memoria recuerdos de su infancia. Y así, mientras pasaba la mañana y entraba ya la tarde, se han quedado atrapados entre los hilos historias de trenes, cartas y disfraces de hombre.
Sé que este invierno no solo me abrigará la lana.

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