Cuando de niños hacíamos una fiesta, había dos cosas que no podían faltar: los caramelos y las guirnaldas.

Nápoles me regaló las guirnaldas olvidadas de otra fiesta que para mí lucían como nuevas.
Pero sintiéndose culpable por su descuido, y para remediar su falta, decoró otras calles con cadenetas multicolores.

Los caramelos me los trajeron de Bologna, o quizá debería decir que me llovieron, porque venían de la Antica Drogheria della Pioggia, que es lluvia en italiano. Un antiguo negocio que no puede portar un mejor nombre, despertando el anhelo por aquellas tiendas de comestibles que tan bien describía Roald Dahl y apelando a la ensoñación de una colorida y dulce lluvia.

¿La celebración?
Cada uno puede elegir la suya, yo estoy muy contenta de que hablen de mí en este blog: http://decor8blog.com/2010/09/23/mamau-illustrations/
:)

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