
Me preguntaba alicia de qué color era mi sombra.
Según cómo me acaricie el sol, mi sombra, como la de Peter Pan, se cose al cuerpo con hilos de diferentes colores.
Si pudiese colgar una a una las sombras de mis últimos años, tejería una larga tira de banderines que teñirían las paredes de amarillos, azules, rojos y violetas.
En este momento enhebro la aguja con hilo malva, dispuesta a decorar la feria con una larga guirnalda.

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