A veces cuesta escribir.
Hay veces en que las palabras se demoran en el desván, y aunque uno se asome a ver qué hacen, ellas se esconden entre viejas lámparas, detrás de cortinas polvorientas o disimuladas entre las sombras de olvidos archivados.
Esas veces en que no salen las palabras ni de entre los baúles siete vueltas de candado ni junto a cajones doble fondo con secretos, es mejor permanecer callado, esperar junto a la playa de la boca y a lo lejos veremos cómo se acerca en su isla de silencio la letra que faltaba.

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A veces no me salen las palabras. Pero entonces me doy cuenta de que las letras siempre vuelven de su isla.
roma amor
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