Fragmentos de interior

Author: lene (Page 35 of 35)

Listas

Una de mis manías es hacer listas.

Me gusta ir escribiendo con letra cuidada las cosas que faltan por hacer, lo que queda por comprar, los días que restan para algo o sitios adonde ir.
Mi mesa y mis bolsillos se van llenando de pequeños papelitos en los que se multiplican tareas, productos, días y lugares.

Luego hay un día, cuando ya me invaden tantas listas, en que he de volver a poner orden. Entonces desecho las listas pasadas, las que nunca se cumplieron, las que caducaron sin ser siquiera miradas o incluso aquellas en que las tachaduras rojas indican labores finalmente realizadas, para dar paso a nuevas listas que me recordarán desde mis bolsillos y mi mesa (en pequeños papelitos y con cuidada letra) otras tareas, productos, días y lugares.
Y siempre habrá una nueva lista por hacer, un nuevo caos por ordenar.

Otoño

colores de otoño

(En esta época las hojas se descosen)

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L’automne
(Dans cette époque les feuilles se décousent)

El castillo del silencio

El camino al Castillo del silencio hay que recorrerlo con paso certero. Nada que lo pueda despertar de su eterna ensoñación debe crujir bajo tus pies. Tu respiración ha de ser medida, con aliento sordo y pausado ritmo.

No te preocupes, la puerta se abrirá a tu paso cuando llegues. Pero una vez dentro…

.

Bufanda

Hoy le he pedido a mi abuela que me enseñase a hacer punto. Mientras la lana iba formando un comienzo de bufanda, mi abuela ha ido desenmadejando de su memoria recuerdos de su infancia. Y así, mientras pasaba la mañana y entraba ya la tarde, se han quedado atrapados entre los hilos historias de trenes, cartas y disfraces de hombre.
Sé que este invierno no solo me abrigará la lana.

Yoes

A veces me veo desde fuera. No, no en plan autoanálisis barato, sino de verdad, me veo físicamente; cosa extraña. Bueno, en realidad esto solo me sucede en los trenes. Puedo verme allí fuera, en los campos que se ven fugazmente desde la ventanilla, y me veo correr. Sí, casi siempre corro, sin ningún peso, avanzo como si toda mi vida fuera correr, nada me frena, mis pies no se cansan, casi parecería que allí fuera no hubiese gravedad.
En realidad no soy yo, son muchas yoes que el tren va dejando atrás. Y yo decido dónde aparece otra yo y hacia dónde va, pero se queda atrás… y sale otra nueva.

El campo se ha ido llenando de yoes que corren sin gravedad, observadas desde las ventanillas de otros trenes.

Confitería

” En este camino de ida y vuelta pasábamos siempre por delante de la confitería. Aunque lo que se dice pasar, nunca pasábamos: nos deteníamos ante su pequeño escaparate comiéndonos con los ojos los grandes tarros de cristal llenos de bolas de caramelo, los adoquines de dulce pintados con rayas oscuras y claras, los bombones de fresa, y los escarchados de menta, y los confites ácidos, de pera, de limón, y todo lo demás. “

Roald Dahl, Boy, relatos de infancia.

Nadie ha descrito mejor que Roald Dahl la fascinación que provocan las golosinas. Hoy, el autor de La fábrica de chocolate, habría cumplido 90 años.
La mejor manera que he encontrado para homenajearle es esta: un fragmento de Boy, relatos de infancia y unas chuches (rojas, claro).

Chucherías

Chucherías

Ámbar

Jabón de argán

Otro regalo: un ámbar de espuma que no encierra ningún arcaico mosquito sino algo más sugerente y agradable: loofah, que hasta parece que se forma una pompa al pronunciarlo, una liana vegetal egipcia.

Jabón de argán

Jabón de argán

La calle

Es una calle larga y silenciosa.
Ando en tinieblas y tropiezo y caigo

y me levanto y piso con pies ciegos

las piedras mudas y las hojas secas

y alguien detrás de mí también las pisa:

si me detengo, se detiene;

si corro, corre. Vuelvo el rostro: nadie.

Todo está oscuro y sin salida,

y doy vueltas y vueltas en esquinas

que dan siempre a la calle

donde nadie me espera ni me sigue,

donde yo sigo a un hombre que tropieza

y se levanta y dice al verme: nadie.

Octavio Paz

Cuaderno

Era el otoño de 1298 cuando Marco Polo, apresado en una cárcel genovesa, narraba sus increíbles viajes por Oriente a un doblemente cautivado oyente, el escritor Rustichello de Pisa.
En el tiempo que pasaron juntos, Rustichello fue recopilando las notas tomadas por Marco Polo, transcribiendo y adornando sus historias en un ajado cuaderno de cuero que ataba con esmero sabiéndose poseedor de maravillosos secretos nunca antes desvelados.
Ayer yo recibí un cuaderno, también de cuero, con una larga tira de piel que lo abraza y mi nombre en la cubierta. Es una réplica, según me han contado, de aquel otro cuaderno que desde hace más de 700 años guarda historias de oro, piedras preciosas y grandes emperadores de exóticos países.
Hoy, por fin, lo he estrenado.

Cuaderno

Cuaderno

Cuaderno

Roma

En Roma se están encendiendo las luces. Veo en la pantalla a las personas pequeñitas (casi sin definición, reconocibles solo por los colores de sus ropas) cómo se desplazan de lado a lado sin transición. La imagen se recarga cada varios segundos, por lo que hay gente que desaparece en un par de tomas. Otros, en cambio, apenas se mueven, se sientan en la fuente a observar, igual que lo hago yo desde la distancia, a las otras personas que pasean por la plaza.

Piazza del Pantheon
Piazza del Pantheon

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