Caleidoscopio

Fragmentos de interior

Atrapada

Laberinto de Ariadna

Laberinto de Ariadna

Y Ariadna tejió su propio laberinto.

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Rattrapée
Et Ariane tissa son propre labyrinthe.

13 Comments

  1. un hoyo! eso es un hoyo… mejor me reservo mis comentarios al respecto para evitar que me baneen de este distinguido sitio.

    Parece que no la tengo aquí, desde Santa Elena colgaré una foto.

    semnq
    Smenita espera, Megatrón no quiere.

  2. Me tienes intrigada con esa foto que no llega.

    ldqzrmwk:
    luego de quejarse, Zanzíbar recordó melodías wagnerianas. ¡Kikirikiiiii!

  3. “¿Lo creerás, Ariadna? -dijo Teseo. -El minotauro apenas se defendió.” (Borges)
    Llevo años tejiendo un laberinto y va siendo hora de destejerlo. Ariadna debería hacer lo mismo, para no acabar perdida en él…

  4. Me temo que destejerlo no es tarea fácil. Probablemente en la primera bifurcación surgiría uno nuevo.

    (qué bonita cita de Borges, no la conocía)
    :)

    awiqvuce:
    ayer Walter intentó que volase un cuervo entumecido.

  5. La Señora del Laberinto conoce los nudos, sabe de qué hilo tirar para destramar el enredo, deshacer la urdimbre. Pero se ha enamorado de su creación e incapaz de destruirla seguirá con manos temblorosas tejiendo esquinas y encrucijadas.

    bdcxy:
    brindemos dos cada 10 yunques.

  6. y bueno, si de destejer se trata, que Ariadna le pida ayuda a Penélope y listo.

    Y aquí la foto domorada. Señoras y señoressssss… un auténtico pozo de Santa Elena:

    http://123pichosting.com/images/7959pozo.jpg

    socwy
    ¡socorro! oigo como Wally y…
    (esta clave ha sido cortada por el el Ente de Calificación por contener escenas de terror no aptas para menores de 13 años).

  7. ahhhhh!!! ¡yo veo una cabeza de un hombre allí abajo! Como si estuviera sentado y se le viesen también los brazos… qué yuyu

    zejui:
    Zanzíbar estrujó jujoso uranio. ¡indignante!

  8. ¡es verdad! dios RIpio, que torpe, si asesinas a la gente no vayas colgando luego las evidencias en la red. Estas hecho un Raskolnikov.

    rtjesl:
    Raskolnikov tiraba jazamines en sus lirios

  9. no… no… si yo no lo maté. Muy por el contrario, durante un tiempo lo cuidé amorosamente.
    Pero debo contar la historia:
    Queríamos saber a qué profundidad se encontraba el agua. El Goyo Benavídez se ofreció para la tarea, y pala en mano, comenzó a cavar.
    Lo dejamos en ello. Lo olvidamos en realidad. Y también olvidamos el legendario tesón del Goyo, rayano en la tozudez maníaca.
    La cuestión es -y de esto nos enteramos luego- que no encontró agua al metro de profundidad y siguió cavando.
    No la encontró a los dos metros, y siguió cavando.
    Pasados los 8 metros de profundidad cayó la noche y Marina, la esposa del Goyo se preocupó y salió a buscarlo. Preguntando aquí y allá le informaron lo de la excavación y por referencias más o menos ambiguas dio al rato con el pozo, dentro del cual, y ya rondando los 13 metros, se escuchaba incasable la pala del Goyo escarbando tierra.
    Parece que con una soga le bajó comida, un abrigo porque la noche se venía fresca y una radio a batería para que se entretuviera durante la faena.
    A los 36 metros exactos encontró agua y dejó de cavar, pero ya era tarde, nadie sabía cómo sacarlo, ya que nuestra única soga mide 10,82 metros. Era más larga pero una desafortunada invasión de ratas en el pañol donde la guardábamos dio cuenta de unos 6 o 7 metros, que se devoraron antes de que pudiéramos exterminarlas.
    Lo cierto es que le agregamos la sábana que amablemente acercó doña Ramira, una viejita sin sus dientes delanteros legendaria en el barrio por la puntería de sus escupitajos. La añadimos a la soga (a la sábana, jamás añadiríamos a la propia doña Ramira por ser una persona muy mayor y grandemente respetada por todos) pero con eso apenas alargamos un par de metros más, y la longitud seguía siendo francamente insuficiente.
    Para no extenderme, el Goyo encontró agua, elemento tan caro a la supervivencia, y ya con eso consideró cubierta buena parte de sus necesidades básicas. En cuanto a comida, no le falta en absoluto: los compañeros de trabajo, los vecinos mismos e incluso gente de otros barrios desfilan de continuo con viandas de todo tipo que le bajamos alegremente con una canasta atada de un cordel.
    En la misma canasta descendemos pepelitos con mensajes, que él devuelve con sus respuestas, estableciéndose una vía de comunicación ágil y franca para nada excenta de humor y franca camaradería.
    Lleva 11 meses allí abajo y su ánimo se encuentra en estado inmejorable. Por nuestra parte, no cejamos en nuestros reclamos hacia la empresa tendientes a conseguir los metros de soga necesarios para sacarlo alguna vez de allí.

    mtkypq
    me tiraron kryptonita… ¿y por qué? (pregunta Supermán)

  10. Ripiooooo, que no me había enterado de tu respuesta!!

    ¡¡buenísima la historia del Goyo!!
    :D

    Un besazo.

    iyazza:
    inyectaba yemas azules Zanzíbar. Zanzíbar alucinaba.

  11. ¡¡!! qué buena historia. Y que buen estilo, ese pozo pdría estar fácilmente en Macondo.

    Lene, he visto esto por casualidad. A ver si te pasas de una vez a Word Press para que se pueda hacer suscripción a los comentarios.

    bpxvt:
    bajista percursionista xilofonista “vusca” trompetista

    (era un gran músico, pero un poco analfabeto)

  12. Estoy mirando lo de word press, efe, XD, pero no veas qué pereza ponerse a hacer las maletas. (Yo tengo menos constancia que el Goyo).

    lcapary:
    la capa acabó pareciendo realmente yeyé.

  13. Si en Tirano Dictador pudiera convertirme, mi primer, y tal vez único mandato fuera abolir los buscadoes. O al menos decretar una decorosa caducidad de las entradas que indexan.
    “Esto lo estoy tocando mañana” se llama una canción que Pedro Aznar compone partiendo de una entrevista a Julio Cortázar que con su fuerte acento francés medita “un señog, lo sientan en una silla en un estudio de grabación, y sale una voz como de la nada, una voz que parece ya muerta, y del otro lado habrá un día un señor que ocmpgrará el disco y lo escuchará en su casa, y será un poco también como si él estuviera muerto cuando lo escuche”
    Unos días atrás le regalé tres libros a mi hija. No tienen dedicatoria me dijo. No, claro, le contesté. Si tenés hijos y sus hijos hijos, y estos libros sobreviven, algún día un tataranieto leerá lo escrito por un desconocido antepasado dedicando -al momento de tomar el libro y ponerse a escribir- un futuro regalo, un gesto hacia el mañana, que ese hipotético tátaranieto leerá ya venido desde el pasado. ¿Querés eso?.
    No papá. Claro que no quiero.
    Goyo existe. Y Marina era su mujer. Y muchos pozos se hicieron en ese barrio. Hoy el olvido desdibuja si esa historia fue sólo posible o si tal vez Goyo siga allí abajo, quién sabe todavía cavando, quién sabe tal vez olvidado por todos excepto por Marina quien con más resignación que cariño todavía le baja viandas con una canasta, ya sin mensaje alguno, el tiempo termina agotando todo lo que entre dos personas hay para decir(se).
    Sea cierta la historia o pertenezca a las sombras de los mitos, puedo asegurar que la soga faltante jamás llegó.
    Con espanto advierto que en otros pozos de aquel pueblito perdido, otras muchas personas entonces tan cercanas, siguen cavando en el olvido.

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